5 de mayo de 2012
KRISPADOS nº 5
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24 de marzo de 2012
KRISPADOS 4
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22 de enero de 2012
21 de enero de 2012
“EL PERONISMO ES LA DEMOCRATIZACIÓN DEL GOCE”
ENTREVISTA A
DANIEL SANTORO:
artista plástico,
pensador,
peronista
Empezamos a hablar con Santoro de la polémica reciente entre los historiadores pertenecientes a distintos institutos de investigación pero adherentes al actual Proyecto Nacional, sin incluir, como es obvio, a los liberales.
El artista lamenta cierto purismo que produce enfrentamientos que van más allá de la idea y pasan a las injurias.
El peronismo, dice Santoro, siempre se ha caracterizado por ser una construcción mestiza y barroca, por lo cual no podemos dirigir nuestros debates a discusiones inconducentes que afectan lo personal. Aquí se trata de sumar, eso en parte, es y ha sido el peronismo.
Siempre hubo una intención de aquellos que ingresaron al peronismo de purificarlo, volverlo potable, soportable; evidentemente son los que no entendieron lo que significa el Movimiento. Existió en una época una especie de “entrismo” que lo quería hacer blanco, luminoso, en definitiva, llegaban con la intención de que el peronismo deje de ser peronismo.
Las complejidades del peronismo son difíciles de abarcar, por eso cuando se hace una crítica, toman un aspecto y no la totalidad por ser casi imposible. Es un poco parecido a lo que pasa con el pensamiento de Lacan, porque ese pensamiento es inasible y su esencia es no plantear la certeza.
Me parece fantástico que venga un instituto a poner una voz más.
Algunos creen que el peronismo es clasista y para mí están muy equivocados. Esto me hace acordar a una anécdota de cuando yo era chico y era monaguillo. El cura, que era español, vino castigado de España por ser republicano. Él se parecía y cantaba igual que Serrat, tenía a todo el mundo fascinado. Nos enseñaba canciones como “que culpa tiene el tomate…” Todos mis familiares, excepto mi viejo que era diariero, eran verduleros y plantaban tomates en Florencio Varela. A mí se me planteaban algunos quilombos de interpretación. Y cuando llegaba al final y decía que “que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda” era catastrófico. No hay nada más alejado del peronismo que esa canción. Que los ricos coman lo que quieran, lo importante es que los pobres coman como corresponde sin la necesidad de la caridad de los ricos.
En definitiva, el peronismo es la democratización del goce. Cuando un trabajador se va de vacaciones debe ir al mismo lugar que los ricos, por ejemplo al centro de Mar del Plata, por el Sindicato.
Hay un tipo de sacrificio que impone la lucha de clases al cual el peronismo no adhiere, una inmolación innecesaria. Por eso, los que sostienen la lucha de clases, afirman que el peronismo es algo así como una expresión del hedonismo que corrompe a la clase obrera; justamente de eso se trata de gozar del capitalismo y de descreer profundamente del capitalismo. Ante esto, el peronismo es cortoplacista.
La condición del cortoplacismo fue un estigma que siempre se llevó a cuestas; con las reivindicaciones inmediatas a los trabajadores, se lo acusaba de que era por tener el Banco Central con los pasillos llenos de lingotes de oro; ahora con la Asignación Universal por Hijo es gracias “al viento de cola”. Se lo culpa de no pensar en el futuro, y yo creo que al trabajador hay que darle en lo inmediato lo que necesita, quién sabe lo que va a pasar mañana.
Es curioso que los reclamos de sacrificio vengan por la derecha y por la izquierda. Los primeros en forma de ajuste, los segundos en forma de inmolación colectiva.
El peronismo qué hace: “tenemos guita y la repartimos inmediatamente” eso es una forma de descreer profundamente del capitalismo. Es, por resumirlo, la emergencia del goce inmediato.
La gente cuando vota al peronismo, lo hace pensando en los días de la felicidad.
El gorilismo ha instalado pelotudeces que quedaron como mito. Un ejemplo, el parquet que sacaban de los pisos y hacían asados. Se hubieran muerto todos porque el parquet se pega con brea, es muy tóxica.
Entre las múltiples actividades de Santoro le pertenece la idea original de “Proyecto Aluvión”, una serie de unitarios que se emiten los viernes por canal nueve, en donde aparecen distintas temáticas en torno al peronismo, con un elenco de primerísimas figuras. Proyecto que lo tiene muy entusiasmado y sus capítulos son realmente de colección.
Ahora estamos terminando de filmar dos capítulos que llevan por título “Las manos de la gloria”. Es sobre las manos de Perón, un capítulo es sobre la mano derecha y el otro sobre la izquierda. La búsqueda de la mano izquierda de Perón es como si fuera la búsqueda del Santo Grial. Con muchos exteriores y escenas filmadas en la República de los Niños.
LA COSTUMBRE DE LOS PERROS
CUENTO
Por: Roberto Sconza*
Por: Roberto Sconza*
Uno piensa que ya pasó, que siempre lo va a recordar pero que ya está, ya pasó, y un día mientras busca otra cosa en el fondo de un armario, encuentra el platito donde le ponía la comida o un hueso pelado abajo de una maceta y le agarran ganas de llorar y dice “no quiero más perro”, ¿para qué? si se me va a morir, los perros se mueren, tienen esa costumbre y lo único que puede hacer uno para evitarlo es morirse antes que el perro..
A mí el Luca se me murió hace un mes y medio, lo enterré en el fondo, abajo del limonero donde siempre se acostaba a dormir cuando hacía calor.
Los primeros días me parecía que me tropezaba con él a cada rato. Una vez acaricié un bolso que había dejado abajo de la mesa y otra vez le dije “cállate Luca” a un perro que ladraba en la televisión.
Después me fui acostumbrando y pensé que lo había superado hasta que ayer encontré en el garaje una pelota de tenis mordida atrás de una lata de líquido de frenos.
Entonces dije: “Basta de perros”, eso de que un clavo saca a otro clavo es mentira, no lo saca, lo mete más adentro. Lo dije seguro, convencido.
Pero hoy a la mañana me fui a la feria de Villa Domínico. Fui a comer un sanguche de chorizo. Al menos eso creía, pero de pronto, como quien no quiere la cosa, estaba en la plazoleta donde se venden los perros y después de caminar un rato me quedé mirando la jaula donde dormían apilados un montón de cachorros.
Y le dije buen día a la mujer que cuidaba el puesto y que tenía a uno de los cachorros sobre la falda y le daba de tomar leche con una mamadera.
Ella me contestó el saludo, me dijo que el perrito había nacido último y los hermanos no lo dejaban mamar.
Yo pensé: “Soy un boludo, un recontraboludo”, y dije:
-¿Crecen mucho?
-La madre es así-dijo la mujer y apoyó una mano en el aire a más o menos medio metro del piso.
-¿Y el padre?-pregunté y ella se encogió de hombros y sonrió apenas.
Me gustó que no me dijera que el padre de los cachorros era un campeón de linaje y pedigrí y que sirvió a una perra mestiza de puro atento.
Entonces le dije:
-¿Me permite?
Me lo dio y dijo que por favor no le tocara el hocico.
El perro pataleó un poco en el aire y después se quedó quieto con la mirada vidriosa y perdida, como resignado a su suerte temblaba como una hoja.
Y yo dije:
-¿Cuánto cuesta?
-Setenta-contestó la mujer.
La miré y me quedé callado.
-Mire-me dijo-entre las vacunas y todo no se crea que gano mucho.
-Ah, está vacunado.
-Sí-dijo con un sí largo como si se fuera obvio -todos.
-Viene con garantía -le dije en broma y ella se lo tomó en serio y me dijo que sí.
Me acerqué, se lo puse de nuevo sobre la falda, la saludé y ya me iba, pero un segundo antes de irme metí la mano en el bolsillo, saqué cien pesos y se los di.
Ella me dio el perro y el vuelto y un papel que, según dijo, era el certificado de la séxtuple. Sonrió y me dijo que no me iba a arrepentir.
-Sí que me voy a arrepentir –contesté.
-No. ¿Por qué dice eso?-dijo la mujer.
-Cuando se muera me voy a arrepentir.
Ella se quedó mirándome en silencio y con cara de desconfianza.
Caminé de regreso con el perro abajo del brazo.
Lo llevé a la veterinaria que está frente a la estación y que los domingos está abierta por la feria.
Le mostré el certificado al veterinario y le pregunté si convenía vacunarlo de nuevo por las dudas. Compré una bolsa de alimento para cachorros, un platito de plástico, un hueso de goma, unas pastillas que tienen calcio.
-¿Por qué tiembla?-pregunté.
-Y, porque tiene frío, las mantitas que tengo son grandes para él -dijo el veterinario-, y yo le dije que no importaba y pensé que de todos modos nunca le pondría una mantita. Esa, para mí, es una humillación que ningún perro toleraría si pudiese evitarlo.
Me comprometí a llevarlo en una semana y me fui.
Llegué a mi casa. Lo apoyé en el pasto de la vereda.
-Dale, mirá que adentro no se caga -le dije y él siguió temblando, puede ser que de frío como dijo el veterinario, pero no era sólo por eso, yo creo que además temblaba de miedo.
Lo levanté y entré con él. Busqué una frazada vieja, la doblé en varias partes e hice algo parecido a un colchón. Lo apoyé arriba y mientras él daba vueltas y se acomodaba yo entibié un poco de leche, corté unos pedacitos de pan y le puse todo en el plato de comida. Él dudó, olfateó, tomó un poco de leche, y sin dejar de temblar orinó la frazada.
Di unas palmadas en el piso.
-Vení -le dije.
Él obedeció y caminó hacia mí.
Lo levanté con las dos manos. La carne se le movía como si le sobrara pellejo, le acaricié la cabeza y lo volví a poner sobre la frazada.
-Bueno, bueno-le dije.
Todavía temblaba pero menos y enseguida se quedó dormido.
Puse la pava, caminé hacia el fondo con el termo y el mate.
Entonces lo escuché llorar y volví a la cocina. Lo levanté y me lo puse debajo de la campera y lo dejé ahí unos segundos. Después abrí la solapa de la campera. Él, que ya no temblaba, abrió los ojos y me miró por primera vez.
Y nos quedamos un rato así, en un íntimo acuerdo de silencio, como si los dos supiéramos que ese era un momento decisivo. Yo le acariciaba la cabeza y él, que por primera vez me miraba, por primera vez era mi perro.
* Escritor argentino, nacido en Wilde en el año 1954. Prolífico autor de cuentos que vincula lo cotidiano con lo filosófico, sin fisuras ni imposturas. Sus relatos tienen el ritmo de la narración oral, donde la voz del narrador fluye como si estuviera presente hablándonos.
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